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Perspectiva

Día del Trabajo 2026: la oligarquía exige que los trabajadores paguen por la crisis del capitalismo estadounidense

En el Día del Trabajo de 2026, la clase obrera estadounidense enfrenta un asalto sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. La crisis económica del capitalismo estadounidense ha producido una única respuesta por parte de la clase dominante y de sus dos partidos políticos: hacer que pague la clase obrera.

Bajo la “Ley Grande y Hermosa” de Trump, Medicaid, un seguro médico que cubre a 74,9 millones de personas, incluidos 35,7 millones de niños, está siendo recortado en más de 900.000 millones de dólares a lo largo de una década, mediante requisitos laborales, depuraciones de elegibilidad y recertificación mensual. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que entre 11 y 17 millones de personas perderán su cobertura. La misma ley autoriza casi 500.000 millones de dólares en recortes automáticos a Medicare.

Los cupones de alimentos han sido recortados en 187.000 millones de dólares, la mayor reducción en la historia del programa, despojando de beneficios a unos 5 millones de personas, al menos 1,2 millones de ellas niños. El Wall Street Journal, celebrando esto como una reforma, exige que el “gasto obligatorio” —es decir, el Seguro Social, Medicare y Medicaid— se recorte aún más.

Los hermanos Herb e Ira Bibbero asisten a un mitin político para celebrar el Día del Trabajo, en Elysian Park, Los Ángeles, el lunes 1 de septiembre de 2025. [AP Photo/Damian Dovarganes]

Este dinero será canalizado hacia la guerra. El presupuesto de la administración para el año fiscal 2027 exige 1,5 billones de dólares para el ejército, un aumento de 445.000 millones de dólares y, ajustado por inflación, el mayor incremento en un solo año desde la Segunda Guerra Mundial. El Pentágono ha solicitado más de 200.000 millones de dólares en fondos suplementarios para la guerra contra Irán.

El déficit es en sí mismo un mecanismo de enriquecimiento. La deuda nacional superó los 40 billones de dólares el 18 de agosto, el doble de su nivel cuando Trump entró por primera vez a la Casa Blanca, en enero de 2017, y los pagos de intereses se acercan al billón de dólares al año.

Se trata de un tributo continuo que la clase obrera le paga a la oligarquía financiera propietaria de la deuda. Los hogares del 1 por ciento más rico poseen el 38 por ciento de todos los valores gubernamentales y municipales en manos de hogares estadounidenses, según las Cuentas Financieras Distributivas de la Reserva Federal, mientras que lo que fluye hacia la mitad más pobre de la población es insignificante. El crecimiento de la deuda y el crecimiento de las fortunas en la cúspide son un único proceso.

La realidad imperante de la vida estadounidense son los asombrosos niveles de desigualdad social. La compensación mediana de los directores ejecutivos del S&P 500 alcanzó los 17,3 millones de dólares el año pasado, y la relación promedio entre el salario del director ejecutivo y el del trabajador subió a 312 a 1, según el informe Executive Paywatch 2026 de la AFL-CIO. Esa relación excluye a Elon Musk, cuyo paquete salarial es de 158.000 millones de dólares, y quien se convirtió en junio en el primer billonario del mundo. La participación de los trabajadores en el ingreso nacional ha caído a su nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial.

La clase dominante comprende que un programa de esta escala no puede imponerse por medios democráticos. Trump está fabricando los pretextos para suprimir, amañar o anular las elecciones legislativas intermedias de noviembre, exigiendo la aprobación de la Ley SAVE America para privar del derecho al voto a millones de votantes de la clase obrera, mientras su régimen declara que no perderá una elección durante 100 años. En enero, agentes federales asesinaron a Renée Nicole Good y a Alex Pretti en las calles de Minneapolis, durante la ocupación paramilitar de la ciudad. El impulso hacia la dictadura es la forma política del asalto contra la clase obrera.

La administración Trump es un gobierno de la oligarquía, por la oligarquía y para la oligarquía. Los demócratas, sin embargo, no son un partido de oposición. Son coconspiradores en el asalto de la clase dominante contra los trabajadores. Todo el establishment, más allá de sus disputas internas, está unido en colocar sobre la clase obrera el peso de la crisis capitalista en escalada.

Y es aquí donde el papel de la burocracia sindical se vuelve decisivo. Si los medios mencionan siquiera el Día del Trabajo, es para equiparar a la clase obrera con los sindicatos. Pero el movimiento obrero estadounidense, que alguna vez ofreció cierta defensa frente a las depredaciones de los empleadores, murió hace mucho tiempo.

Los sindicatos de hoy son ejecutores laborales, incorporados a la estructura de la gerencia corporativa y del Estado capitalista. El presidente del UAW, Shawn Fain, se jacta de trabajar con la administración Trump en materia de aranceles, la misma guerra comercial que ha dejado a decenas de miles de trabajadores automotrices sin empleo, y no les ha dicho nada a sus afiliados sobre la amenaza de la dictadura. Cualquier lucha que escape al control de este aparato resulta intolerable, porque toda la estrategia de hacer pagar a los trabajadores depende de suprimir la lucha de clases.

La burocracia ha desempeñado este papel durante casi cinco décadas. En la década de 1980, la AFL-CIO fue cómplice de la desindustrialización y de la destrucción de PATCO, porque aceptó que los salarios de los trabajadores estadounidenses tenían que reducirse para competir con Japón. En 2009, el UAW le prestó toda su asistencia a la reestructuración de General Motors y Chrysler por parte de la administración Obama, imponiendo a la fuerza contratos que recortaron los salarios e impusieron el sistema de niveles salariales a la siguiente generación de trabajadores.

Lo que esto significa en la práctica está escrito con sangre. Más de 5.000 trabajadores mueren en el trabajo cada año, casi 14 al día, y la confederación sindical AFL-CIO estima que entre 120.000 y 135.000 más mueren anualmente por enfermedades ocupacionales. El 1 de agosto, James Brasher, de 57 años, miembro del UAW con más de 30 años de antigüedad, cayó 25 pies hasta su muerte en el centro de repuestos Mopar de Stellantis, en Center Line, Míchigan, el tercer trabajador de Stellantis muerto bajo el contrato “histórico” de 2023 del UAW. La noche del jueves, Moet McCullum, de 41 años, madre de tres hijos con 11 meses en el puesto, fue atropellada y muerta por un tren D en el Bronx, mientras colocaba luces de señalización, mientras el Sindicato de Trabajadores del Transporte bloquea la acción de huelga de los trabajadores del transporte de la ciudad de Nueva York.

Este es un proceso internacional. En Alemania, IG Metall ha acordado la eliminación de decenas de miles de empleos en Volkswagen, y se ha sumado a los comités de empresa en celebrar la “disciplina de costos” que está destruyendo el sustento de los trabajadores que producen todo el valor, incluso mientras las plantas se convierten en producción de armamento.

La realidad de la vida social está alimentando un inmenso crecimiento de la oposición social, que adopta cada vez más la forma de una rebelión contra la propia burocracia. Contrato tras contrato ha sido rechazado en las votaciones. El año comenzó en Minnesota, donde más de 100.000 trabajadores y jóvenes se manifestaron el 23 de enero contra la ocupación de ICE en el estado. El aparato sindical, trabajando junto con los demócratas, conspiró para bloquear el desarrollo de un movimiento de huelga general.

La Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB) existe para darle a este movimiento una forma organizada. Alienta y encabeza el desarrollo de comités elegidos y controlados por los propios trabajadores en cada centro de trabajo, vinculados entre industrias y a través de las fronteras nacionales. En la década de 1930, los trabajadores que no podían avanzar a través de la Federación Estadounidense del Trabajo (AFL, por sus siglas en inglés), de base gremial, construyeron nuevas organizaciones industriales, que se convirtieron en el CIO.

Estos comités hacen más que defender a los trabajadores frente a los empleadores. Son el germen de una auténtica democracia obrera y de un auténtico poder obrero, a través de los cuales la clase obrera comienza a constituirse como la futura clase dominante. La campaña de Will Lehman, el trabajador de Mack Trucks que se postula a la presidencia del UAW con un programa de abolición del aparato y transferencia del poder a la planta de producción, le ha dado a esta rebelión una expresión política consciente.

La crisis del capitalismo estadounidense no puede resolverse dentro del marco del sistema de ganancias. La clase dominante no tiene otra respuesta que la guerra en el exterior, la austeridad en el país y la dictadura para imponer ambas. La clase obrera debe responder con su propia movilización independiente: la construcción de comités de base en cada centro de trabajo, su unificación internacional a través de la AIO-CB, y la lucha por un gobierno obrero y por la reorganización socialista de la vida económica.

El Partido Socialista por la Igualdad lucha por armar al movimiento en desarrollo de la clase obrera con una perspectiva revolucionaria e internacionalista. Instamos a todo trabajador y joven que esté de acuerdo con esta perspectiva a unirse hoy mismo al Partido Socialista por la Igualdad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 06/09/2026).

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